Jóvenes universitarias y su transición a la maternidad: formación, retos y crianza

Young university women and their transition to motherhood: training, challenges and parenting

Diego Rodríguez-Calderón-de-la-Barca a
Universidad Pedagógica Nacional, México

Jóvenes universitarias y su transición a la maternidad: formación, retos y crianza

Revista Panamericana de Pedagogía, núm. 41, 2026, pp. 1 -19

Recibido: 09 septiembre 2025

Aceptado: 27 noviembre 2025

Publicado: 12 diciembre 2025

Resumen: A partir de un estudio exploratorio cualitativo, se muestran los retos que afrontan las jóvenes madres de la Universidad Pedagógica Nacional, unidad 153, Ecatepec. Visibilizando así la diversidad de maternidades condicionadas por su contexto de origen y caracterizadas por las formas de maternar a partir de su condición de universitarias. Lo cual implica diferentes desafíos personales que superponen los estudios, la crianza de sus hijos y el trabajo. En su trayectoria universitaria, la resiliencia está presente, así como sus agenciamientos enfocados a concluir su carrera y el cuidado de sus hijos. Con respecto a las bases teóricas del texto, fueron: la reproducción de Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron. Y, por otro lado, desde la microsociología, la teoría del estigma de Erving Goffman, considerando que la condición de ser joven, madre y universitaria, muchas veces se ve afectada por el estigma construido socialmente y dentro de la institución orientado a desacreditar la identidad que aguardan las madres estudiantes, relacionándola con la irresponsabilidad y el abandono de su carrera. Cuando en realidad, diferentes estudios, incluido este, demuestran que ser madre (universitaria), las alienta y motiva a continuar y concluir sus estudios, por superación personal, pero también por dar un ejemplo de vida a sus hijos. Aunque el estudio también visibiliza las desventajas de ser madre y estudiar al mismo tiempo una carrera universitaria, considerando los casos de quienes suspendieron sus estudios temporalmente o de manera indeterminada. La metodología utilizada para la investigación fue cualitativa, combinando entrevistas narrativas biográficas y un cuestionario en Google Forms, para obtener, organizar, reforzar e interpretar información al respecto.

Palabras clave: Estudiar, Madre, Narrativa, Joven, Pedagogía, Universidad.

Abstract: This article uses a qualitative, exploratory study to explain the challenges faced by young mothers at the National Pedagogical University, Unit 153, in Ecatepec. It highlights the diversity of motherhood experiences, shaped by their context of origin and characterized by how they mother as university students. This implies different personal challenges that overlap with their studies, raising their children, and working. Throughout their university careers, resilience is present, as are their efforts to complete their studies and care for their children. The theoretical basis of the text was the work of Pierre Bourdieu and Jean-Claude Passeron. And, on the other hand, from microsociology, Erving Goffman’s theory of stigma, considering that the condition of being young, a mother, and a university student is often affected by socially constructed stigma, and within the institution aimed at discrediting the identity of student mothers, relating it to irresponsibility and abandonment of their studies. In reality, various studies, including this one, show that being a mother (university student) encourages and motivates them to continue and complete their studies, both for personal growth and to set an example for their children. However, the study also highlights the disadvantages of being a mother and pursuing a university degree at the same time, as evidenced by cases of those who temporarily or indefinitely suspended their studies. The research methodology was qualitative, combining biographical narrative interviews and a Google Forms questionnaire to collect, organize, reinforce, and interpret information on the subject.

Keywords: Study, Mother, Narrative, Young, Pedagogy, University.

INTRODUCCIÓN

En México, entre el siglo XX y siglo XXI han aumentado las instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas. De acuerdo con datos de la SEP (2025) a través del Sistema Integrado de Información de la Educación Superior y con base en el Perfil Estadístico del Sistema Nacional de Educación Superior, existen 4.336 instituciones de educación superior: 1.078 públicas y 3.258 privadas. Por ende, ha incrementado la matrícula, la cobertura y al mismo tiempo se ha diversificado la oferta educativa a partir de la creación de diferentes carreras. No obstante, los desafíos en torno a la educación superior, están presentes, entre ellos: el financiamiento y aspectos relacionados con la calidad educativa. Con respecto a la matrícula profesional (nivel licenciatura) en universidades públicas y privadas, a nivel nacional, de acuerdo a la misma fuente mencionada, entre 2023-2024 existen 4.890.145 personas matriculadas. En universidades públicas federales, 545.,466; en universidades públicas estatales 1.264.687 matriculados; en universidades públicas estatales de apoyo solidario 68.938; en el Tecnológico Nacional de México 562.424 y en las universidades tecnológicas 232.114. Respecto a las universidades politécnicas, 102.548 matriculados. En universidades interculturales 24.036. La matrícula de IES públicas es de 185.718. Mientras que en las Normales públicas es de 116.700 y en UPN 59.060. Y en los Centros CONACYT 361 matriculados. Por su parte, las particulares en ese mismo año sumaron 1.728.093 personas matriculadas y en Normal particular 15.238. Por lo que en términos generales, en las universidades y escuelas particulares continúa un crecimiento acelerado en sus matrículas. Estos datos reflejan el gran número de matricula en instituciones de educación superior, las cuales brindan oportunidades educativas para los jóvenes pero, aún así, numerosos jóvenes en edad de estudiar una carrera (18 a 22 años) sigue sin poder ingresar a una universidad pública o privada y continúan quedando fuera del nivel superior de manera indeterminada, pese que en 2019 en México se volviera obligatoria la educación superior, sin soslayar aquellos que interrumpieron el bachillerato o ni siquiera ingresaron a este.

Para el caso de quienes tuvieron la oportunidad de estudiar una licenciatura (en universidad pública principalmente), después de que egresan, suelen experimentar otros inconvenientes como el desempleo por largos periodos o tener periodos intermitentes de empleo. Al respecto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2023), destaca como indicador la tasa de jóvenes que no están empleados ni siguen educación o formación:

En promedio, en los países de la OCDE, el 14.4% de los jóvenes de 25 a 29 años, no estaban empleados ni seguían educación o formación en 2022. Si bien esta cifra incluye diversos grupos, un análisis longitudinal muestra que una proporción significativa de los graduados universitarios experimenta al menos un periodo de inactividad o desempleo en los primeros uno o dos años tras egresar, antes de lograr una inserción laboral estable... (OCDE, 2023, p. 112-115).

Aunado a las situaciones económicas, regularmente poco favorables, la inestabilidad económica dentro y fuera de contextos familiares, se suma un problema estructural, como es la estabilidad económica después de la pandemia, de la cual aún quedan rezagos, afectando a los jóvenes graduados, quienes padecen significativamente tasas de desempleo más altas que trabajadores adultos con niveles educativos semejantes (OCDE, 2022). Por ende, los jóvenes continúan viviendo en una constante inseguridad (en todo el territorio nacional) y afrontando una desafiliación a instituciones que debieran fortalecer sus trayectorias educativo laborales y sus transiciones al trabajo, a la maternidad, paternidad, etcétera. Esto resulta ser una realidad constante en los jóvenes, sean estudiantes o no. Y aunque las actuales generaciones de jóvenes son y serán las más escolarizadas, actualmente padecen distintas inclemencias como las mencionadas.

Un fenómeno interesante con respecto a la educación superior en el municipio de Ecatepec, es que las mujeres cuentan con la misma escolaridad o incluso ligeramente mayor con respecto al de los hombres; según el Censo de Población y Vivienda 2020, las mujeres cuentan con una escolaridad de 9,8 años y los hombres de 9,5. Con respecto al dato regional, el grado de escolaridad de Ecatepec es de 9,7 años, mientras el promedio estatal es de 10,2 años. La secundaria es el nivel de estudios más común entre la población de este municipio.

El artículo se centra en un sector estudiantil en particular: las jóvenes madres universitarias, quienes conforman un claro ejemplo de los agenciamientos juveniles dentro de instituciones educativas y cuyas responsabilidades trascienden las aulas universitarias, asumiendo diferentes roles dentro y fuera de su casa de estudios. La transición a la maternidad durante la trayectoria universitaria no es un tema menor, ya que representa un punto de inflexión que reorganiza sus vidas en general; su tiempo, la organización de sus actividades, sus expectativas personales y profesionales, sus emociones e intereses. Trayendo consigo (en algunos casos) el reconocimiento, el apoyo económico, los cuidados y prácticas de consentimiento por parte de la familia, pero también están los casos en los que las jóvenes tienen que asumir su responsabilidad de manera menos acompañada, sin contar con ningún tipo de apoyo familiar o solo de manera parcial por parte de su madre y padre, pareja o algún otro familiar. En este sentido, como bien plantea Gonzalo Saraví: “El género la etnicidad y la clase social son, entre otras, algunas de las categorías que pueden generar matices y diferencias en cómo se experimenta este tránsito a la adultez” (Saraví, 2009, p. 38).

La justificación y motivo central del texto, es en primer lugar conocer los retos y experiencias de las madres universitarias de la UPN 153; en segundo, visibilizar las desigualdades y similitudes entre algunas de estas jóvenes a partir de su condición familiar y social de origen. Y, en tercer lugar, contribuir al conocimiento de esta población estudiantil, que muchas veces está en desventaja con respecto a quienes no son madres universitarias. De igual manera, se busca visibilizar las experiencias, historias y las posibles redes de apoyo con las que cuentan las jóvenes madres, empezando por sus familiares cercanos. Además de concienciar sobre su situación, con la intención de implementar prácticas más inclusivas dentro del contexto universitario.

Las perspectivas teóricas conductoras de este trabajo y desde las cuales se analiza el objeto de investigación, son: la teoría de la reproducción de Pierre Bourdieu (Bourdieu y Passeron, 2006; Bourdieu, 2011), por ser un marco teórico que explica las desigualdades sociales y educativas como procesos estructurales, en los que están involucradas categorías trasversales como la clase social y la disposición de capitales: económico y cultural (objetivado, institucionalizado e incorporado). En consecuencia, la educación, su acceso y el tipo de instituciones educativas a las que es posible acceder según su clase social, dependen en razón directa de la disposición de capitales de la familia de origen, lo que va condicionando y en algunos casos determinado sus trayectorias formativas y educativas. Mientras la teoría del estigma de Erving Goffman (2006), desde la microsociología y el interaccionismo explica que el estigma es un fenómeno social que surge a partir de la desacreditación a las personas por ciertas condiciones físicas, raciales, culturales, económicas, entre otras. Generándose lo que el autor denomina como la situación del desacreditado y desacreditable, es decir, que es propenso a ser desacreditado en algún momento por una o más condiciones sociales. Así, entre otros efectos del estigma, está la discriminación hacia jóvenes estudiantes que, por decisión o descuido, transitaron a la maternidad durante su trayectoria escolar o universitaria.

Ahora bien ¿qué se conoce sobre el tema abordado en el artículo? Diferentes trabajos destacan que las madres estudiantes tienden a padecer mayores desigualdades, acumulación de desventajas y un desenvolvimiento aletargado. Ya que, al no compatibilizar las ocupaciones estas se suelen dificultar, y más aún cuando se asumen diferentes roles. Arvizu (2022) en su trabajo titulado: “Trayectorias educativas de madres y padres estudiantes en universidades diferenciadas: UIA y la UAM-C”, estudió a partir de metodología cualitativa (método etnográfico y entrevistas) las trayectorias de jóvenes madres y padres de dos universidades: la Universidad Autónoma Metropolitana, Cuajimalpa y la Universidad Iberoamericana (UIA) de la CDMX. Identificó principalmente en las madres la sobrecarga de responsabilidades domésticas y académicas. Mientras que, en los padres, identificó que recaen las responsabilidades académicas y laborales. Los factores de diferenciación están presentes en su posición social y la falta de equidad entre quienes estudian en la UAM-C y quienes lo hacen en la IBERO, planteando la autora la importancia de las experiencias de vida en las trayectorias educativas. Asimismo, destaca que los mandatos tradicionales de género son reproducidos en el interior de los espacios educativos, por lo que es de suma importancia cambiar normas tradicionalistas relacionadas con el género y algunas actividades y necesidades de las madres universitarias: facilitar recursos como lactarios, becas, cambiadores para bebés, etcétera.

Por su parte, Cerros-Rodríguez y Flores-Ávila (2023), se enfocan no solo a las madres que estudian una carrera, sino a un sector más amplio de mujeres dentro del contexto universitario: estudiantes, profesoras y administrativas. Para su estudio utilizaron metodología cualitativa e interpretativa, haciendo un análisis a partir de un cuestionario en un formulario de Google Forms diseñado para el proyecto: “Conciliación entre crianza, trabajo y estudio en la universidad: el caso de la Universidad de Guadalajara”, diferenciando aspectos de cada una de las maternidades. Por ejemplo, explican las autoras el caso de las madres investigadoras, encontrando narrativas sobre las diferentes dificultades que viven, por un lado, el trabajo académico y por otro la familia, lo cual incide en su desempeño profesional. Poniendo como ejemplo la desproporción de mujeres reconocidas por el Sistema Nacional de Investigadoras e investigadores (SNII) en comparación con los hombres, desproporción que, indican, se agrava en los niveles II, III y emérito. Las autoras también señalan que, en el caso de las madres universitarias, es un sector por el cual las autoridades no se pronuncian a favor de mejorar sus condiciones, especialmente la apertura de espacios y apoyos. En este sentido, las madres universitarias recurren a sus redes informales para estudiar y trabajar.

Si bien existe una política pública que reconoce algunos derechos ligados al cuidado durante embarazo y parto, así como el cuidado en los primeros meses, lo existente es insuficiente para responder a las necesidades de cuidado de los hijos e hijas en diferentes etapas cuando requieren de dicho cuidado. En el caso de la política universitaria, el tema de la maternidad y crianza de las mujeres no ha sido de interés. El apoyo a quienes están en dicha situación (ser madres y crianza de menores) es reflejo más de actos de buena voluntad y empatía del jefe o jefa, o profesor o profesora en turno; es decir, son actos individuales para “ayudar o apoyar”. Porque hasta el momento no existe una política pública que reconozca la inequidad que está presente en la universidad (Cerros-Rodríguez y Flores-Ávila, 2023, p. 20).

Por otra parte, Hernández (2020) llevó a cabo un estudio cuantitativo acerca del estigma, la percepción universitaria y sus efectos en el ámbito laboral, académico y social. Explica que los hombres que participaron en el estudio, siguen manteniendo creencias relacionadas con que la maternidad es un obstáculo para el acceso y desarrollo profesional de las mujeres. De este modo, concluye la autora, las instituciones requieren trabajar en la sensibilización de actores universitarios (autoridades, profesores y estudiantes) para contener el abandono escolar por la falta de flexibilidad o apoyo económico a las mujeres embarazadas o futuros padres, jefes o jefas de familia. Así, diferentes investigaciones plantean, por un lado, la existencia continua de prejuicios y estigmas relacionados con la condición de ser madre y universitaria. Si bien es cierto que durante este proceso en el que asumen diferentes roles y desventajas, como puede ser la reorganización del tiempo, también es importante destacar las necesidades que se originan desde dicha condición, generalmente poco valorada o que pasa de largo para las instituciones y los actores educativos (directores, docentes e incluso estudiantes).

De esta manera, el convertirse en madre y padre es decisión y responsabilidad exclusiva de quienes deciden serlo; aunque hay un papel muy importante de la familia, ya que esta influye o determina el seguimiento del embarazo, así como el apoyo incondicional y condicionante que puede dar a la madre y padre primerizos con respecto al apoyo moral y económico. Así, las decisiones sobre el embarazo y el nacimiento, muchas veces pasan de ser decisiones individuales a decisiones familiares, no solo con la pareja, sino con las familias de las parejas.

Por lo tanto, el propósito de este texto es presentar el análisis de los retos y experiencias subjetivas que afrontan las jóvenes madres de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 153, Ecatepec, a la par de las crianzas de sus hijos a partir de sus condiciones de vida familiares, conyugales e institucionales, involucrando también el significado de ser madre desde su condición de universitarias entre otras características de cada joven y sus maneras de maternar según sus disposiciones culturales y económicas, reflexionado sobre su transición a la maternidad como antesala a su transición a la adultez. Cabe destacar que el papel de las familias mexicanas, al menos con base en los trabajos revisados, representa un soporte que no sólo brinda apoyo emocional y económico, sino que funciona como parte de las redes de apoyo institucionales como pueden ser la familia en primer lugar y en segundo, la escuela, la universidad, el trabajo, la iglesia, etcétera. Lo anterior no quiere decir que cada estudiante cuente con el apoyo de cada una de dichas instituciones. Incluso hay quienes no cuentan ni siquiera con dos de estas, a reserva de apoyos parciales de la mamá o cónyuge.

El texto está dividido en tres partes: en la primera se expone una introducción el tema de las maternidades de jóvenes estudiantes y sus implicaciones. En la segunda se explica la metodología y en la tercera parte el desarrollo de la investigación: análisis y los hallazgos, planteando que las maternidades o la manera de ser madre, son, en buena medida, resultado de los contextos y prácticas de su familia de origen, el tipo de apoyo familiar o redes familiares con las que cuentan durante y después de su embarazo, entre otros aspectos. Por otro lado, están los agenciamientos de las mamás universitarias, presentes en los contextos que las condicionan, pero que no las determina en su rol de madres. Por último, se exponen las conclusiones que visibilizan la diversidad de maternidades en un contexto como lo es una universidad feminizada, así como algunas características familiares, cerrando el texto con algunas reflexiones propositivas y preguntas orientadas a repensar las implicaciones de ser madre mientras se estudia una carrera.

METODOLOGÍA

Para llevar a cabo el presente estudio, se utilizó una metodología cualitativa a partir de nueve entrevistas narrativas biográficas y 12 cuestionarios realizados en Google Forms a las mismas personas, con la intención de reforzar sus narrativas y algunas ideas particulares. Cabe mencionar que se utilizaron seudónimos para proteger la identidad de las personas. El objetivo principal fue conocer cómo construyeron su transición a la maternidad las jóvenes estudiantes de la UPN 153 que estaban embarazadas en el momento de la entrevista o que tenían hijos menores de 22 años. Cabe mencionar que el curso de vida articula trayectorias (educativas, laborales, etcétera) y transiciones (implícitas en las trayectorias) como transición a la adultez, a la maternidad, a la paternidad, incorporación a algún trabajo, salir de algún nivel educativo como el egreso de la universidad, entre otras.

El curso de vida no se conforma de manera individual, sino que se entreteje con las trayectorias y vivencias de otros individuos, a la vez que cambia y se ajusta a los ritmos y tiempos sociales; para los enfoques demográfico y sociológico, estos cambios establecen asimetrías cruzadas por el género, la clase y el origen social que se reflejan en los objetivos, motivaciones y experiencias, ya sea de forma general o individualizada (Miller y Arvizu, 2016, p. 20).

Por lo tanto, el curso de vida resulta trascendental para conocer los microescenarios de interacción en diversos contextos (familia, escuela, grupos amicales) y la imbricación de los mismos y cómo el individuo inmerso en estos, crea sentidos y oportunidades. (Saraví, 2009). Pero al mismo tiempo, puede también fracturar la linealidad de sus trayectorias (educativa, laboral, etcétera), al empezar una transición que implique construir una nueva familia, como ser madre durante su carrera o ser madre antes de ingresar a esta y postergar su ingreso.

La idea de que la universidad generalmente busca formar estudiantes ideales con trayectorias lineales, resulta contraria a lo que realmente sucede durante los estudios superiores u otros niveles educativos (secundaria o educación media superior). La realidad nos enseña que durante las trayectorias educativas existen eventos simultáneos, por ejemplo: interrumpir sus estudios por falta de recursos económicos; algún padecimiento de salud propio o de algún familiar; la carrera o la universidad no eran lo que esperaban o deciden no continuar con su carrera debido a que no le gustó o se embarazaron durante la misma. Así, este texto surge debido al interés de conocer qué sucede con la población estudiantil cuando se convierten en madres durante su paso por la universidad. Al mismo tiempo, identificar cuáles son los retos que afrontan, considerando que no es un tema menor y más aún cuando los embarazos son medianamente recurrentes en la institución, principalmente durante la primera mitad de la carrera. Algunas de las preguntas utilizadas en las entrevistas, fueron:

  1. ¿Qué escolaridad tienen tu padre y madre?

  2. ¿Cuántos hermanos tienes y qué escolaridad tienen?

  3. Puedes platicarme brevemente a qué edad te embarazaste y cómo fue la reacción de tu pareja en el momento de decirle que estabas embarazada, así como durante el proceso de esa transición (a la maternidad /paternidad); cómo le diste la noticia a tu mamá, a tu papá o familiares, y qué te dijeron.

  4. ¿Por qué decidiste ingresar a la UPN 153 para estudiar pedagogía?

  5. ¿Quién paga tus estudios?

  6. A partir de tu embarazo (durante y/o después de este) ¿has pensado en interrumpir tus estudios?

  7. ¿Cómo ha cambiado tu rutina diaria desde que supiste que estás embarazada o cuando lo estuviste?

  8. ¿Cuáles son tus principales retos o desafíos para manejar el tiempo entre tus estudios, el embarazo y/o tus hijos y otras responsabilidades?

  9. Actualmente ¿Cuáles son tus principales responsabilidades?

  10. ¿Qué tipo de apoyo recibes (o no) de tu familia y la universidad para equilibrar tus responsabilidades académicas con el embarazo?

  11. ¿Cuentas con alguna beca? En caso contrario ¿por qué crees que necesitarías una beca?

Estas preguntas fueron las que orientaron las entrevistas, así como los cuestionaros de los formularios.

La población entrevistada (entre enero y mayo de 2025) estuvo compuesta por un total de nueve jóvenes estudiantes de la UPN 153 de la licenciatura en pedagogía, inscritas en alguno de los semestres correspondientes al ciclo escolar 2024-2025. Otro de los criterios para la elección de la población es que fueran madres con hijos no mayores de 22 años o estuvieran embarazadas. Además, se aplicaron 12 cuestionarios a las mismas personas que se entrevistaron (a reserva de tres que no pudieron ser entrevistadas). Con respecto a las edades de las jóvenes, oscilaban entre los 18 y 34 años, de acuerdo a la siguiente distribución: dos tenían entre 18 y 20 años; cuatro entre 21 y 23 años; dos de entre 24 y 26 años; una de entre 27 y 29 y tres tenían entre 29 y 34 años. Acerca del semestre que cursaban de su licenciatura: seis cursaban el segundo semestre, cuatro se encontraban en el cuarto semestre, una en el sexto semestre y una en octavo. Cabe señalar que casi todas las jóvenes entrevistadas (a reserva de una) son pioneras en sus familias en estudiar una licenciatura. Los estudios de sus madres y padres oscilan entre la primaria y la preparatoria y/o carrera técnica. Solo la madre de una joven estudiante cuenta con licenciatura en pedagogía y en otro caso, únicamente los hermanos mayores tienen estudios superiores: dos con licenciatura, uno con ingeniería y uno con maestría. En este sentido, la población entrevistada alude a jóvenes que no cuentan con una tradición escolar familiar, entendiendo esta como aquella en la que dentro de las familias (padres y madres) cuentan con estudios de licenciatura.

Contrastan así ciertas experiencias y desafíos relacionados con el normativo curso de vida, en el cual están implícitas trayectorias, transiciones y puntos de inflexión (Elder, 2000). El curso de vida, si bien es un enfoque que contribuye al conocimiento de dichas categorías y procesos, los analiza desde una perspectiva cronológica y/o lineal, resultando ser un modelo normativo, pero durante la trayectoria vital no siempre se cumplen de manera cronológica los eventos como las transiciones y menos aún en contextos como el nacional, debido a aspectos culturales, económicos, decisiones personales, incidentes, etcétera. En otras palabras, algunos otros eventos que pueden conformar la vida de una persona, como son: ingresar a la universidad, empezar a trabajar, dejar de estudiar, embarazar/quedar embarazada, cambiarse de institución, salir de la casa de origen u otros, son resultado de decisiones personales, pero contextuales, circunstanciales y subjetivas.

Por lo tanto, el texto es una aproximación a los retos y experiencias de ser madres universitarias de la carrera de pedagogía de una universidad pública. Sin ánimos de idealizar o romantizar esta condición social (ser madre), se busca visibilizar los agenciamientos de las jóvenes que participaron en las entrevistas y cuestionarios, así como sus estrategias para lograr salir adelante en su formación de licenciatura. Contando con condiciones de vida y familiares diferentes; disposición de capitales, en buena medida determinados por la escolaridad y ocupación de sus padres y madres.

ANÁLISIS

En las últimas cuatro décadas la matrícula estudiantil, tanto en universidades públicas como privadas, ha incrementado considerablemente como se menciona en la introducción. Esto debido a diversos factores que van desde el incremento de espacios y matrícula en diferentes instituciones públicas como privadas. Otros factores importantes para el ingreso de jóvenes mujeres a la universidad son: se han promovido políticas públicas relacionadas con la equidad de género relacionado al acceso, aunado a las políticas de permanencia, como son becas y programas que incentivan el ingreso, permanencia y egreso. De esta forma, han cambiado desde hace varias décadas las percepciones familiares tanto de hombres como mujeres en torno al ingreso de estas en el nivel superior. Aunque aún prevalecen entornos familiares tradicionales y conservadores en los que las mujeres asumen un rol tradicional, enfocado a ocupaciones del hogar y la maternidad, enfocado al cuidado de los hijos y al conyuge. Los cambios que han reducido la brecha de género en el ámbito educativo son paulatinos, han modificado prácticas, percepciones y representaciones del ser mujer en diferentes contextos sociales: educativos, empresariales, políticos, entre otros. La tabla 1 muestra el incremento de matrícula femenina en los últimos dos años:

Tabla 1
Matricula de ingreso, egreso y titulación en educación superior, ciclo escolar 2023-24

Entidad
Federativa
Matrícula
mujeres
Matrícula
hombres
Matrícula
total
Nuevo
ingreso
mujeres
Nuevo
ingreso
hombres
Egresadas
mujeres
Egresados
mombres
Egresados
total
Titulados
mujeres
Titulados
hombres
Ciudad de
México
520.939 469.010 989. 949 119.602 124.026 84.213 69.533 153.746 68.081 55.967
Estado de
México
329.308 275.468 604.776 94.139 77.480 62.115 45.637 107.752 51.910 36.927
Total
general
850.247 744.478 1.594.725 213.741 181.506 146.328 115.170 261.498 119.991 92.894


Fuente: ANUIES (2024). Anuario escolar 2023-2024.

La apertura de espacios en instituciones como las universidades y la democratización de áreas como la investigación y nichos académicos, ha sido clave para la incorporación de mujeres estudiantes, académicas y científicas, logrando una paridad de género en estos espacios, aunque aún falta trabajar al respecto. Lo anterior debido al cambio de percepción acerca del rol de género convencional y a un ingreso cada vez mayor de las mujeres en carreras universitarias, tanto así que es posible hablar de una feminización de la matrícula universitaria. De acuerdo con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en su Anuario Estadístico de la Población Escolar en Educación Superior 2023-2024, la matrícula de mujeres de dicho ciclo escolar, supera a la de los hombres tanto en la Ciudad de México, como en el Estado de México.

Si bien los datos anteriores demuestran que las mujeres son cada vez más en las instituciones educativas, aún prevalecen los prejuicios acerca de algunas carreras “para mujeres”, como Psicología, Pedagogía o Trabajo Social y generalmente con alto índice de mujeres inscritas en ellas. Y, por otro lado, hay carreras en las que hay mayor demanda por parte de hombres, como Ingenierías, Piloto de Avión, o Administración de Empresas, entre otras. Esto no solo genera o refuerza una brecha de inequidad basada en prejuicios y estereotipos en el proceso de la elección y selección en algunas carreras, sino que también es parte de la construcción social de prejuicios y estereotipos sobre ciertas carreras y la población que debería ingresar a estas. Así, la decisión de elegir una u otra carrera puede estar afectada por estereotipos desde las instituciones, incluida la familia hasta las propias escuelas. Y que directa o indirectamente inciden en las decisiones de las personas en elegir una u otra carrera o incluso tomar decisiones basadas en estereotipos pensados en el interior de las familias.

Existen estereotipos sociales negativos y positivos, ambos juegan un papel fundamental en las relaciones intergrupales, ya que ayudan a establecer el papel que, se supone, desempeñan las personas en el contexto de esas relaciones, y se asigna de acuerdo al grupo en el cual se ubica a cada quien; por lo tanto, el estereotipo logra que se determinen, las más de las veces inconscientemente, las funciones que los distintos individuos o grupos deben desempeñar en el marco de las relaciones sociales (Pérez, 2010, p.40).

Por lo mismo hace falta erradicar este tipo de prejuicios dentro y fuera de las instituciones educativas y familias. Puesto que, no asumir los roles tradicionales esperados, no compatibilizar en buena medida las ocupaciones como son estudiar, trabajar en casa, llevar a cabo roles impuestos, tener un empleo y criar al hijo o hijos, es visto desde varias instituciones, actores sociales y educativos, como un problema que trasciende a la relaciones familiares o conyugales, estando presente la construcción del estigma o estereotipos, generando tensiones en las diferentes situaciones que viven las madres universitarias:

Situaciones en las que ellas son segregadas, criticadas o aisladas tanto por sus pares, como por profesores y/o familiares al no cumplir con los estereotipos y expectativas asociadas con los perfiles tradicionales. Para las participantes, además de la dificultad para conciliar sus múltiples jornadas, también sufren de discriminación y son criticadas por ser madres, ya que, en el imaginario colectivo, los roles de género se mantienen vigentes, donde la maternidad y la educación superior siguen siendo incompatibles (Arroyo-de-Anda et al., 2023, p. 278).

De esta manera, los estigmas responden a principios relacionados con la “desacreditación social” mientras los estereotipos están más orientados al “deber ser” según ciertas visiones normativas o pautas adultocéntricas, institucionales, familiares, etcétera. Por supuesto, ambas categorías detonan prácticas de discriminación por clase, etnia, género, ser joven, estudiante o no estudiante, etcétera. Esto está relacionaco con la igualdad y equidad dentro de contextos educativos y especialmente con jóvenes universitarias que también son madres:

No basta que exista una igualdad de oportunidades educativas para las mujeres y los hombres, no es sólo un asunto de números, sino hoy en día se trata de que también exista una equidad de género en las instituciones de educación superior (De-Garay y Del-Valle, 2012)-

De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI, 2023), en el cuarto trimestre de 2022 residían en México 56 millones de mujeres de 12 años y más. Y 67% (38 millones) eran madres. Siete de cada 10 madres solteras eran económicamente activas. También de acuerdo con el mismo instituto, en el Censo de Población y Vivienda 2020, el 57% de las madres mexicanas solo contaban con primaria y secundaria terminada; 19% acabó sus estudios de bachillerato y únicamente el 17% logró terminar una carrera universitaria. Otro factor a considerar es la apertura de áreas con predominio femenino o simplemente se mantiene una tradición educativa enfocada a las mujeres, es decir, según las carreras, como educación, psicología, pedagogía, entre otras. Por lo que, debido a prejuicios sociales, no suele haber tantos hombres. Cabe destacar que los apoyos familiares son sustanciales para que las y los jóvenes concluyan sus estudios, pero en el caso de los jóvenes, es más común que ingresen antes a trabajar, más que las mujeres y que incluso se insertan a trabajos poco cualificados en los que generalmente no se necesitan estudios superiores. Y, aunque actualmente hay un fenómeno a nivel nacional, postergar los embarazos o incluso priorizado el no tener hijos para alargar el itinerario escolar-académico y profesional. Sin embargo, también el gobierno mexicano busca prevenir nacimientos no planeados. De acuerdo con la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (México. Gobierno de la República, 2018), en 2021 hubo en México 147.279 nacimientos en adolescentes de 15 a 19 años, y en niñas menores de 15 años, 3.019. No obstante, más allá de profundizar en esta población que también es de suma relevancia, este texto se enfoca exclusivamente en la situación de las jóvenes que han decidido ser madres durante su formación universitaria.

Con respecto a la influencia de los capitales de origen familiar y social, estos juegan un papel muy importante en la figura de la madre universitaria, ya que las jóvenes en su condición de madres, se encuentran en una encrucijada con las estructuras familiares materna y paterna, que condicionan el éxito y bienestar de la madre y el padre. En este sentido, el capital económico es un recurso, pero al mismo tiempo es el soporte para poder continuar o no con sus estudios. Y con el que podrán pagar una guardería o acceder más fácilmente a recursos materiales o capitales culturales objetivados (equipo de cómputo propio, contar con internet) o mayor tiempo para hacer sus actividades universitarias, incluidas tareas, estudiar, etcétera. Igualmente, la falta de este capital pondrá en riesgo su permanencia o continuidad. Por otro lado, el capital social o red de apoyo como sostén (familiares o pareja) se convertirán en un soporte muy importante mientras la joven madre estudia o cumple sus responsabilidades universitarias.

De esta manera, los capitales configuran en buena medida la transición a la maternidad generando mejores oportunidades o la ausencia de las mismas a partir de la carencia de capitales, acumulando así desventajas y generando incluso sentimientos como la culpa por no cumplir con ciertas expectativas personales, conyugales o familiares, relacionados con la maternidad responsable o ser una buena estudiante. En otras palabras, una joven madre de clase social privilegiada que cuenta con un capital económico y familiar considerable, podrá atender sus compromisos y responsabilidades universitarias, mientras que quien no cuenta con dichos capitales, tendrá que ser más resiliente, paciente y crear estrategias que le permitan sobrellevar su situación como estudiante, apoyándose de recursos institucionales como alguna beca o apoyarse de amistades de la institución.

DISCUSIÓN

Las instituciones de educación no siempre consideran que la maternidad es un fenómeno presente en las diferentes comunidades escolares y universitarias. Con respecto a la población de estudio de la UPN 153, las entrevistas y cuestionarios se aplicaron a estudiantes que ya tenían hijos antes de entrar a esta universidad, así como a quienes se embarazaron durante los tres primeros semestres de licenciatura, dejando en claro que la linealidad de los eventos como lo plantea el enfoque “curso de vida”, no corresponde a la realidad de numerosas personas, por el contrario la linealidad de eventos o ciertos calendarios, no son posibles. Es decir, el curso de vida no corresponde al orden que se llevan a cabo los eventos como si fuera un itinerario; los acontecimientos como incorporarse a algún trabajo, embarazarse, dejar la escuela, etcétera, son resultado de decisiones espontáneas, improvisadas, poco o nada reflexionadas e incluso pocas veces planificadas. Lo mismo sucede con los puntos de quiebre que pueden afectar a las trayectorias educativas. Prueba de ello en este trabajo, es que al menos ocho de las 12 jóvenes, afirmaron haber interrumpido sus estudios durante y después de su embarazo. Asimismo, con base en la narrativa durante sus entrevistas se identificaron prácticas vinculadas a la influencia ejercida por parte de algunas madres sobre sus hijas.

Algunos aspectos importantes sobre las jóvenes que participaron tanto en las entrevistas y cuestionarios: decidieron ingresar a la UPN 153 debido a su interés por ser docentes y al ámbito de la educación en general; igualmente se interesaron en entrar a esta universidad por motivos personales: superación personal y profesional. Cabe mencionar que la gran mayoría son pioneras en estudiar una carrera universitaria. Sus padres y madres cuentan con estudios de primaria, secundaria o preparatoria. Otra respuesta recurrente es que consideran como diverso y amplio el campo laboral de la pedagogía. Sin embargo, desgraciadamente la realidad laboral actual es muy distinta a las expectativas estudiantiles.

Las entrevistas también evidenciaron la coexistencia de dos perspectivas diferenciadas en torno a la maternidad y el ejercicio de la vida académica, identificando dos perfiles distintivos entre las participantes: aquellas que ya eran madres al ingresar a la UPN 153 y las que se embarazaron durante los primeros semestres de la carrera (entre el primero y tercer semestre). También están aquellas que lograron embarazarse inmediatamente después de egresar. Sin embargo, con estas jóvenes no hubo un acercamiento para entrevistarlas ni tampoco contestaron el cuestionario. Este dato sale a colación debido a lo observado en la unidad académica y a conversaciones informales. La condición de madre no es como podría o desearía pensarse: ideal, armoniosa y confortante. En varios casos se expresó el consentimiento y apoyo familiar y conyugal. Pero también llamaron la atención dos casos en los que fue explícita su inconformidad y resignación con respecto a ser madres antes de entrar a la universidad, es decir, tuvieron a sus hijos entre los 16 y 20 años. En este aspecto, el papel de la madre fue importante, pues exhortaron a sus hijas a tener al bebé. Como relata Antonia, una de las jóvenes:

Me embaracé a los 16 años, él estuvo muy contento, mi novio que era más grande que yo por cuatro años, por eso decidieron que lo tuviera. ¡Yo no quería ser mamá! pero mi mamá me dijo que tenía que hacerme cargo de mis tonterías. Y entonces tuve que continuar con el embarazo, el papá me dejó y pues aquí andamos haciéndonos cargo de nuestras tonterías (Entrevista 6: Antonia, 29 años, estudiante de segundo semestre de pedagogía).

Mientras quienes tuvieron a sus hijas o hijos durante algún semestre de su licenciatura hasta ahora han demostrado ser resilientes y expresar el interés y motivación para continuar estudiando, aunado a que expresaron su deseo por entrar a una carrera profesional por sí mismas, es decir, antes de embarazarse anhelaban tener una carrera universitaria. Un aspecto que vale destacar acerca de los embarazos durante la carrera, es que al menos la mitad de las jóvenes expresaron en sus narrativas su deseo de tener un bebé. Igualmente, destaca el buen recibimiento de la noticia por parte de ambas familias (paterna y materna).

A los 22 años, nuestro embarazo fue planeado y la prueba fue una sorpresa para los dos porque la vimos juntos, pero por parte de él, y por lo que yo vi, fue mucha emoción, y algo que por parte de los dos no podíamos creer y aun con los días no asimilábamos el que tendríamos un bebé, por parte de la familia de él, todos se pusieron muy contentos, me felicitaron y su mamá, se puso súper feliz porque era algo que deseaba desde hace muchísimo tiempo por parte de mi familia, mi mamá me dijo que ya sabía, se puso muy feliz por nosotros, y nos felicitó (Entrevista 1: Federica, estudiante de cuarto semestre de pedagogía).

Como bien plantean Miller y Arvizu (2016), los eventos de transición a la maternidad por parte de las estudiantes no necesariamente cumplen el modelo normativo de curso de vida. Y un dato que refuerza lo planteado por las autoras, es el correspondiente la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (ENADID) (INEGI, 2018), la cual expone que la mitad de las jóvenes de aproximadamente 22 años, ya han tenido al menos un hijo.

Ahora bien, hay trabajos como el de Pérez-Baleón (2014), que expone cómo la salida de la escuela puede explicarse a partir de cinco combinaciones:

  1. Salió de la escuela – no se ha unido conyugalmente

  2. Salió de la escuela – se unió conyugalmente

  3. Se unió conyugalmente – salió de la escuela

  4. No asistió a la escuela – se unió conyugalmente

  5. No asistió a la escuela – ni se unió conyugalmente

La autora explica también tres hipótesis interesantes sobre las expectativas educativas: la primera tiene que ver con la incompatibilidad de roles, es decir, antes de unirse conyugalmente las jóvenes no estaban estudiando, por ende el interés de los estudios se ve afectado; las segunda refiere a las expectativas educativas indicando cómo la escolaridad transforma las perspectivas e intereses en torno a la educación e influye en prolongar la escolaridad y postergar el matrimonio; y la tercera, alude al capital humano, describiendo la educación como una inversión. En otras palabras, Pérez-Baleón (2014) concluye que el inicio de la vida conyugal en las mujeres mexicanas, representa una transición compleja en cual pueden estar presentes otros eventos como el embarazo y la salida de la escuela o universidad, pero no necesariamente transitar a la unión conyugal y haber trabajado antes de esta. No obstante, de acuerdo a lo identificado en diferentes fuentes que refieren a instituciones de educación superior, también están presentes los casos de embarazos durante la trayectoria educativa. Y ser un evento que no detona exactamente la interrupción escolar o universitaria, por el contrario, es un hecho que incentiva a continuar estudiando y concluir el nivel educativo en el que pasó, pensando en los estudios como una inversión que puede mejorar su vida profesional y económica.

Por otro lado, están las personas que contundentemente dijeron que no interrumpirían o volverían a interrumpir sus estudios, ya sea porque tiempo atrás lo hicieron y se sienten aún más comprometidas para sacar adelante sus estudios o porque son conscientes de que si lo hacen fracturarán su trayectoria universitaria, al menos por un tiempo. Algunos de los fragmentos de las entrevistas con respecto a si interrumpirían sus estudios debido a su embarazo o crianza de sus hijos, fueron:

No, porque considero que no es motivo o impedimento para dejar de estudiar.

No. Considero que no es necesario de momento, pues contamos con el apoyo de familiares, así como tener tiempos de manera organizada creo es posible cumplir con nuestras obligaciones académicas.

Hoy no lo haría, porque se vuelve más complicado con el tiempo, porque los gastos crecen y la demanda de tiempo de los hijos es mayor.

Los horarios de la universidad estructuran buena parte del día de las estudiantes, considerando que pasan entre seis y ocho horas por día en el plantel. Por ende, las estrategias de afrontamiento que suelen emplear las jóvenes madres, al menos en la población que respecta a este estudio, tienen que ver con sacar adelante varias actividades internas y externas a la universidad. En primer lugar, como ellas dicen, “sacar adelante” las tareas, trabajos y en general ocupaciones relacionadas a su carrera, apoyándose y creando dinámicas en equipo, aunque correspondan a tareas individuales, es decir, dividen las lecturas en partes entre algunas compañeras o el grupo completo (en ocasiones), facilitando aún más la entrega de reportes de lectura, la explicación de la misma en una presentación, etcétera. En segundo lugar, de acuerdo a sus narrativas, dividen su tiempo en “sacar a adelante” actividades del hogar, como hacer comida, cuidar a sus hijos, llevarlos a la escuela, al médico e ir a eventos escolares. Como lo describe Gloria:

Una de las dificultades más grandes es la administración del tiempo, ya que en mi experiencia tengo que dividir mi día entre universidad, tareas, trabajo, bebé, responsabilidades del hogar y hasta doctor, ya que el tener un hijo conlleva mucha responsabilidad en todos los aspectos y hay veces que por más que uno quiere descansar no se puede. Este tipo de responsabilidades en esta etapa me han generado estrés por la preocupación y carga de responsabilidad, ansiedad; no descanso lo suficiente, casi no duermo y únicamente me da tiempo de bañarme muy rápido para poder seguir avanzando (Entrevista 3: Gloria, estudiante de sexto semestre de pedagogía).

Otro relato que coincide con el anterior es el de Marina, quien comparte lo que hace con su tiempo. Indicando que, durante el embarazo y después de este, pareciera que el tiempo se convirtió en el recurso o capital más cotizado:

El tiempo en mí misma dejó de existir por el momento, hago lo posible por cubrir cada una de mis responsabilidades entre escuela, tareas, tiempo para leer, comida, labores domésticas, trabajo y por supuesto mi hija que está en cada una de ellas. El tiempo que tengo para hacer eso por lo regular es en las noches mientras ella duerme. Es complicado establecer un horario y seguir las actividades que debo hacer de corrido. En el semestre anterior se me complicó al hacer algunas tareas y lecturas, al igual que la asistencia en las primeras clases del día. Fueron los motivos por los que no me inscribiría, pero decidí hacerlo por amor a quien soy y lo que quiero ser en un futuro (Entrevista 1: Marina, estudiante de sexto semestre de pedagogía).

Es importante mencionar que algunas de las estudiantes antes de ingresar a la universidad ya tenían un hijo y se vieron en la necesidad de interrumpir sus estudios por un periodo considerable, afectando la linealidad de su trayectoria educativa, al menos temporalmente. Sin embargo, optaron por estudiar la carrera de pedagogía, aludiendo que esta carrera les pareció interesante por enfocarse al quehacer educativo, campo laboral al que quisieran incorporarse una vez concluida su carrera. Algunos fragmentos de estas narrativas explican y visibilizan algunas de sus experiencias. Como narra Katherine:

Sí, hace 13 años tuve que interrumpir mis estudios porque tenía que trabajar para solventar los gastos de mi hijo. Hoy no lo haría, porque se vuelve más complicado con el tiempo, porque los gastos crecen y la demanda de tiempo de los hijos es mayor (Entrevista 2: Katherine, estudiante de segundo semestre).

Uno de los fragmentos de entrevistas quizá más llamativos, es el de Antonia, quien no quería tener a su hija, pero su mamá la exhortó a que la tuviera, en este sentido, hay varios elementos para analizar: la resignación de convertirse en madre aun cuando no lo deseaba; no contar con el apoyo de quien fuera su pareja con quien tuvo a su hijo, lidiar con su estado de salud y la presión por parte de su madre para no abortar, además de otras responsabilidades durante y posteriores a su embarazo, como trabajar, estudiar y la crianza de su hijo:

Soy una persona con trastorno límite de la personalidad (TLP), por lo cual vivo medicada, entonces intento llevar una dieta, hacer ejercicio, cumplir con tareas, ir a la escuela y ser mamá, a veces me lleva al límite. Y constantemente quiero darme por vencida. Pero el ejemplo que quiero darle a mi hijo es lo que me da motivos para continuar con cada cosa. (…) Muchas veces paso las materias, pero lo importante es terminar la carrera y no morir en el intento, seguir mi tratamiento psiquiátrico, continuar haciendo ejercicio y no dejarme caer en el hoyo nuevamente porque no es fácil levantarme. Y no quiero volver a internarme, es muy cansado, las lecturas y las tareas son difíciles. Cumplirle a mi persona también es difícil, pero tengo que cumplir con cada horario y cada espacio en el día (Entrevista 6: Antonia, estudiante de segundo semestre de pedagogía).

La mayoría de las jóvenes entrevistadas mencionan que es un reto el estar estudiando y ser madres, puesto que su organización de los tiempos es compleja y se convierten en tiempos acotados para cada actividad y responsabilidad que tienen, desde hacer la comida, hacer tareas, leer y asistir mínimo seis horas a la universidad por día. Asumiendo que es una actividad que hacen por ellas, para ellas y para sus hijos. La gran mayoría de las jóvenes entrevistadas reiteraron que estudian porque desde muy pequeñas desearon ser maestras y ahora que tuvieron la oportunidad de entrar a la UPN 153, no quieren desaprovecharla, además de ser un ejemplo para sus hijos y de quienes tienen expectativas de que estudien una carrera:

Ser madre y estudiante es un reto. Pero también esto es lo que estoy haciendo es un ejemplo para mis hijos, y obviamente me abre mis expectativas, abre mi panorama y la de mis hijos (Entrevista 2: Katherine, estudiante de segundo semestre).

Con respecto al estigma que puede haber en torno a las jóvenes embarazadas, quienes tienen hijos pequeños y los llevan ocasionalmente a las clases, vale señalar algunas actitudes de docentes en desacuerdo con dicha práctica, considerando que los bebés son inquietos o distraen tanto a la mamá como a las demás compañeras del grupo y al docente, generando en algunos casos tensión en el grupo, mientras que otras ocasiones se adaptan y son más empáticas por dicha situación.

Es complicado lidiar con el cansancio al final del día, los prejuicios con los que te señalan, la presión y poca empatía de algunos maestros. Y sobre todo la distracción por estar pensando en mi bebé cuando la tengo que dejar es muy preocupante el tener que estar lejos de ella tanto tiempo. (Entrevista 4: Elvira, estudiante de cuarto semestre de pedagogía)

El estigma, por lo tanto, tiene que ver con la manera en que se percibe la condición de ser madre y estudiante universitaria dentro del aula. Desde una mirada crítica, refiere a una condición que refleja la agencia de las mujeres y rompe con prácticas generalmente estipuladas como ir únicamente a estudiar, sacar buenas calificaciones, convivir con amigas y amigos, llevar a cabo una relación sentimental, etcétera. Una madre universitaria está en la posibilidad de ir acompañada de su hijo o hija; invertir tiempo en asistir a sus clases y destinar dinero en su formación, además percibir sus estudios como un medio de movilidad ascendente una vez que egrese. Sin embargo, las prácticas del estigma se construyen a partir de pensar que una “buena madre debe dedicarse únicamente al cuidado de sus hijos” y especialmente si son bebés o niños. Por tanto, el estigma llega a ser una forma de violencia simbólica, ejercida desde el propio contexto académico o escolar hacia quienes son madres estudiantes.

Por último, la ausencia o disposición de los capitales durante la transición a la maternidad, moldearán y determinarán considerablemente la permanencia o interrupción de sus estudios universitarios; la intersección de los capitales económico, cultural y social, marcarán profundamente la experiencia de ser madre universitaria, convirtiéndose esta transición en un evento poco alentador durante su trayectoria profesional o una experiencia caracterizada por oportunidades de desarrollo educativo, profesional y personal.

CONCLUSIONES

De acuerdo a los hallazgos del presente estudio, las jóvenes madres enfrentan dilemas y retos durante su trayectoria universitaria, los cuales van dirimiendo de acuerdo a su origen social; quienes cuentan con mayores recursos suelen dedicar más tiempo a sus tareas y responsabilidades académicas por el hecho de que sus madres, padres, abuelos o algunos otros familiares, pueden cuidar a su hijo. Por otro lado, para la mayoría de las entrevistadas, la familia (padres y madres) o el cónyuge tienen un papel importante con respecto al apoyo económico, pero especialmente para el cuidado de los nietos o hijos, según sea el caso. Asimismo, las madres universitarias consideran sus estudios como un medio de movilidad ascendente y su carrera como un capital con el que podrán contar el día de mañana y desenvolverse laboralmente en el campo educativo, lo cual para muchas es el motivo central por el que entraron en una universidad pedagógica. En otras palabras, las trayectorias académicas de las estudiantes que son madres, se ven marcadas por su capital familiar o de origen: mientras las de mayores recursos económicos logran conciliar la maternidad con su carrera, dando mayor exclusividad a su desempeño universitario y por ende dedicar más tiempo de calidad a sus estudios (tareas, exposiciones, ejercicios, exámenes, etcétera), quienes no cuentan con esta red de apoyo del contexto familiar nuclear, generalmente comienzan a acumular desventajas no solo en contexto universitario, sino también en la parte económica y conyugal, por lo que los retos a veces son imposibles de lograr, optando incluso por interrumpir sus estudios de manera indeterminada. Aún quienes cuentan con su apoyo familiar, abandonaron sus estudios expresando la necesidad de hacerlo para estar más cerca de su hija al menos el primer año. Igualmente, el estudio evidencia cómo las experiencias universitarias entre quienes son madres y quienes no lo son, suelen ser desiguales en términos de organización de sus tiempos; enfrentando aún más desafíos materiales y relacionados a los recursos económicos y a la salud física y mental, en los que el estrés juega un papel importante; sin concentración no hay producción, interés o incluso motivación especialmente hacia los estudios. Tanto en el caso de las jóvenes madres como de quienes no lo son, la percepción en torno a la educación superior, continúa siendo un medio para poder construir y acceder a una movilidad ascendente, formar un capital educativo mayor al que tienen sus padres y madres. Al mismo tiempo de poder compartir este capital educativo con sus hijos, orientarlos a hacer lo mismo que ellas: cursar una carrera universitaria pese a los grandes desafíos que esto implique.

Definitivamente, la disposición de capitales económicos, culturales y sociales durante el embarazo y después de este, son determinantes para que las jóvenes madres universitarias, interrumpan o permanezcan en su carrera. De esta manera, por un lado, la adversidad puede marcarlas o por otro, su paso por la universidad puede llegar a ser una etapa de formación, crecimiento educativo y profesional, distinguiendo así entre una transición caracterizada por desventajas y precariedad u otra conformada por acumular oportunidades e incluso capitales.

Por último, pero no menos importante, es crucial que las autoridades volteen a ver a esta población muchas veces invisibilizada dentro de las mismas instituciones educativas. Y aunque sean ellas las responsables (junto con su pareja) de su condición de maternidad, los apoyos materiales y económicos que pudieran ofrecer las instituciones educativas para mejorar su condición estudiantil y maternal, serán trascendentes para disminuir la probabilidad de interrupción escolar; contener prácticas discriminatorias y relacionadas al estigma hacia las madres universitarias; lograr o fortalecer una identidad universitaria desde la condición de madre y facilitar determinadas necesidades a partir de la apertura o creación de espacios orientados a esta población como lactarios, baños equipados para atender a sus hijos, fomentar redes de apoyo entre pares, promover la disposición del profesorado y contribuir a un ambiente universitario más inclusivo.

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Notas de autor

adiegorcb.upn@gmail.com

Información adicional

Cómo citar este artículo: Rodríguez-Calderón-de-la-Barca, D. (2026). Young university women and their transition to motherhood: training, challenges and parenting. Revista Panamericana de Pedagogía, 41, e3562. https://doi.org/10.21555/rpp.3562